Está claro que los deberes son un tema que a muchos nos preocupa. Cada día, cuando llegamos a casa, vemos la montaña de libros y ejercicios y, a veces, pensamos: ¿son para aprender o solo un castigo de los profesores?
Vayamos por partes. Los deberes tienen diferentes objetivos. Por un lado, ayudan a repasar lo que hemos aprendido en clase y practicar las materias difíciles. Sin embargo, como todo el mundo sabe, estudiar una sola vez no siempre basta para recordar todo. Por tanto, muchos estudiantes los vemos como una obligación pesada, que nos quita tiempo para hacer otras cosas como deporte o estar con los amigos. Según el parecer de algunos estudios, los niños que hacen demasiados deberes pueden sentirse estresados y desmotivados.
Por consiguiente, los deberes deberían estar pensador y ser de más utilidad para prender que para castigar. Cuando hacemos ejercicios repetitivos sin sentido, solo nos frustramos y no aprendemos nada. Es evidente que, si los deberes son interesantes y relacionados con lo que nos gusta, podemos aprender mejor e incluso disfrutar estudiando. En este sentido, expertos en educación como la profesora María González dicen que “los deberes deben servir para fomentar la curiosidad y la responsabilidad, no para castigar a los alumnos”. Esta es una idea muy bien recibida porque muestra que los deberes pueden ser útiles si se dictan con este propósito, y no solo para hacer trabajar a los alumnos.
Para concluir, no se puede negar que los deberes tienen un papel importante, pero hay que recordar que deben ser una forma de aprender y no solo un castigo. Si los profesores se esfuerzan y piensan en cómo hacerlos más interesantes, seguro que todos podríamos estudiar mejor y sentirnos más motivados.
